Siempre quise tu discreción
Respecto a los asuntos urgentes
Incluso cuando la noche caía
Y tu lluvia me extrañaba
Supe de tu frágil y valiente,
amor.
Tuve que reconocer tus aciertos
Culpar a tus dudas y a ese tiempo
Comprender que la vida suele ser injusta
Y no por eso tener que darle tregua.
Creo haberte amado
sin advertir el posterior desamor
en una respuesta tardía,
y entre nuestro olvido
y tu arrepentimiento
emprender un rumbo diferente.
Aquí tus enseñanzas,
tus torpezas, esperas y palabras
tus latidos que derribaron
los árboles de la alameda.
Allá tus pasos que moldearon
el mapa de mis anhelos
y los reales versos
de tantas vidas no vividas
que aprovechamos para nuestro
cancionero de domingo
de la mano.
