Era invierno, caminábamos un parque
Llevabas un paraguas roto
Y en mi mano ausente de ti
Viajaba este libro.
Lucías radiante y solemne
Abusabas de los conectores
E intercambiabamos idiomas.
Lanzaba mi bufanda al cielo
Besaba a esa mujer cansada;
A esa mujer de árbol.
Volvíamos a elucubrar asuntos imposibles
Con esa esperanza de abuela muda
Y te prometía que al despertar
Vendría a buscarte de inmediato.
Eran tus ojos imperiosos de regreso
Eran mis hombros nerviosos por el tiempo
Fueron los segundos en que me despedía
Y la maldita alarma que te alejaba;
Pues de volverte a ver iban a
Tener que pasar muchos días nublados.
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